La victoria en primera vuelta del candidato socialista para presidir la República no puede ocultar el inquietante ascenso de la extrema derecha
La victoria del socialista Antonio José Seguro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales portuguesas celebradas el domingo es una noticia tranquilizadora tanto para Portugal como para el resto de Europa, pues revela una amplia movilización del electorado de izquierda y moderado (la participación ha superado el 6...
0% por primera vez desde 2006) para frenar el paso al ultraderechista André Ventura, del partido Chega. El mensaje es esperanzador en un continente donde los votantes parecen estar normalizando el extremismo antisistema como una opción política más. Es de esperar que esa movilización se mantenga en la segunda vuelta, que se celebra el 8 de febrero.
Seguro obtuvo el 31,1% de los sufragios frente al 23,5% de Ventura, que mejora sus resultados con respecto a las legislativas de mayo del año pasado. La victoria del socialista es mucho más clara de la que pronosticaban los sondeos, que barajaban un triple empate en cabeza entre Seguro, Ventura y la gran revelación, el liberal João Cotrim de Figueiredo. Este último se ha quedado finalmente con un 16%, impulsado por un voto joven y urbano, que supera con creces el 6% que su partido, Iniciativa Liberal, obtuvo en las legislativas.













