La policía migratoria de Estados Unidos opera con “inmunidad absoluta” mientras persigue, violenta, detiene, deporta y hasta mata
Ventanas de autos destrozadas y personas sacadas a la fuerza de sus vehículos. Individuos derribados e inmovilizados contra el suelo. Pistolas apuntadas contra civiles desarmados. Ciudadanos y migrantes por igual, baleados y asesinados en sus coches. Manifestantes rociados directamente en el rostro con gas pimienta o asfixiados con gases lacrimógenos. Cualquiera que se atreva a hablar inglés con acento o que tenga la piel morena es obligado a demostrar su ciudadanía al azar. Son escenas que se han vuelto cotidianas en los Estados Unidos de Donald Trump, un país cuyas ciudades, sobre todo aquellas gobernadas por los demócratas, han sido sitiadas por agentes de inmigración que patrullan barrios de mayoría latina y acechan en los tribunales en busca de migrantes que apresar y deportar.
En el primer año de la segunda presidencia del republicano, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE son sus temidas y ya mundialmente reconocibles siglas en inglés) se ha convertido en el principal brazo ejecutor de su ofensiva antiinmigrante, que suma más de medio millón de deportaciones en 12 meses. La agencia ha sido descrita como una fuerza paramilitar y que, según el propio Gobierno, opera con “inmunidad absoluta”.








