Ambas agencias, que se encuentran sobre el terreno en ciudades como Minneapolis, han expandido significativamente sus capacidades en la segunda era del republicano

En los Estados Unidos de Donald Trump, donde los agentes federales van con los rostros cubiertos, en autos sin distintivos y en ocasiones en ropa de paisano, resulta difícil distinguir entre las agencias federales que, entre el caos y el terror, ejecutan la política migratoria de la Casa Blanca. Es más complicado aún saber cuáles son las normas por las que deben regirse e identificar cuándo han sobrepasado los límites de su poder. Esta última cuestión está en el centro del debate nacional (e incluso internacional) después de que oficiales de dos agencias migratorias mataran a tiros a dos ciudadanos estadounidenses en menos de 20 días.

Alex Pretti, un enfermero de 37 años, fue tiroteado por agentes de la Patrulla Fronteriza el pasado sábado mientras ayudaba a una mujer en una protesta en Minneapolis. Un grupo de seis oficiales le dieron una paliza para detenerlo y desarmarlo antes de matarlo. Diecisiete días antes, a unas cuadras más al sur de la ciudad, Renee Good, poeta y madre de la misma edad que Pretti, recibió tres tiros, incluido uno mortal en la cabeza, de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).