Como parte de un creciente patrón de violencia, agentes de inmigración han disparado a más de una docena de personas en el último año, incluyendo a la mujer baleada en Minneapolis esta semana

Van enmascarados, con solo sus ojos visibles, muchas veces vestidos de paisano, aunque portando chalecos antibalas y cargando armas. Se mueven en autos sin distintivos, pero cuando descienden en cualquier lugar ya casi nadie duda de quiénes son: se trata de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, o ICE, siglas que han pasado a ser sinónimo del terror que Donald Trump ha desatado en Estados Unidos durante el último año como parte de una persecución de migrantes sin precedentes.

Tan pronto detectan la llegada de los oficiales, activistas, voluntarios o vecinos suenan sus bocinas y silbatos para alertar del comienzo de una redada migratoria. Algunos graban y confrontan a los agentes, exigiéndoles que se marchen de su barrio. Otros bloquean su paso con sus vehículos. Es una escena que se ha repetido en las diferentes ciudades del país donde el Gobierno estadounidense ha lanzado operativos a gran escala para detener a extranjeros sin papeles: Los Ángeles, Chicago, Minneapolis… En esta última, sin embargo, uno de estos enfrentamientos acabó con la vida de una mujer este miércoles.