El equipo de Ribera completa un partido muy sólido en todas las facetas del juego (25-30) y pasa virtualmente a la siguiente ronda
Desde la llegada de Jordi Ribera al banquillo de España, hace una década ya, España se ha mantenido atornillada en la élite del balonmano con dos bronces olímpicos y mundiales, además de dos oros y una plata europea. La tacha, quizá el agujero negro del equipo, se dio hace dos cursos cuando un empate ante Austria supuso el adiós prematuro del pasado Europeo. Y como si todavía le tuvieran ganas, o como si la lección estuviera aprendida, los Hispanos se plantaron en el Jyske Bank Boxen danés con la gazuza acentuada. Eso aclaró Garciandia como aperitivo, cuando la defensa austríaca se hundió y el lateral castigó con un lanzamiento lejano para abrir el telón. El que avisa no es traidor.
Pretendió Austria (entrenada por Iker Romero) imponer su juego, un balonmano muy físico donde Hutecek ponía el músculo y el último pase, casi siempre para la grúa Wagner, y en ocasiones hacia Bilyk, el talento del quiebro y el lanzamiento, los toques de chistera. Pero esta España defiende con todo y bien, valla eléctrica para los rivales. Por lo que se sucedieron los robos y, quizá por los nervios iniciales, también los errores en las transiciones, ataques vertiginosos con malas elecciones finales para el tiro. Duró poco porque los colegiados castigaron las jugadas fuera de lo legal de Frimmel y Kofler con dos minutos y España se liberó. Aparecieron los cambios de ritmo de Gurri y los cruces de Tarrafeta para jugar y hacer jugar, para repartir y finalizar, para abrir una brecha que nunca más se volvió a cerrar. A su alrededor todos brillaban, como Aleix Gómez desde el extremo, como Serdio por dentro y hasta Marcos Fis, el talento que ha hecho del futuro su presente. Y si algo fallaba, aparecía Sergey Hernández en su área, que sacaba las gadjetomanos y los gadjetopies para negar la mayor, para sellar un primer acto delicioso descrito con un sonoro 12-19.






