La selección fluye ataque en la primera parte y se agarra a la experiencia en la segunda en el estreno en un torneo plagado de minas
España no tiene tiempo para tomar posiciones con tranquilidad en el Europeo de balonmano. El recorrido que afronta no le concede ese tipo de licencias. El primer rival, Serbia, era ya una victoria casi obligada, y sin el casi, para alimentar las esperanzas teniendo en cuenta el amenazante ramillete de contrarios que asoma. O, al menos, para no quedarse sin margen de error. Y lo mismo se puede decir del choque de este sábado (18.00, Teledeporte) contra la Austria de Iker Romero.
De momento, ante los balcánicos se apuntó un triunfo solvente y serio (29-27), dominado de punta a punta con dos versiones diferentes. Muy bien en ataque en la primera mitad (19 goles) y con oficio en la segunda, cuando el callejón se estrechó. Entonces, se agarró a la clarividencia de Ian Tarrafeta, el MVP de la tarde con seis goles y cuatro asistencias, al callo de Álex Dujshebaev y a varias paradas finales de Sergey Hernández.
Ante un horizonte tan amenazante como el que le regaló el sorteo, España necesitaba presentarse en hora. Y eso hizo de la mano de Antonio Serradilla, un tipo con valor que empezó a marcar territorio en la defensa y a poner los primeros ladrillos. Varias buenas acciones suyas atrás comenzaron a asfaltar una primera parte estupenda de la selección, sobre todo, en ataque, donde todo fluyó.






