La autora defiende que lo que representa Trump no es conservadurismo y que los medios de comunicación deben empezar a llamarlo por su nombre

“El fascismo puede definirse como una forma de comportamiento político que se caracteriza por la obsesión por el declive, la humillación o el victimismo de la comunidad y el culto compensatorio a la unidad, la energía y la pureza; y en la que un partido de masas formado por militantes nacionalistas entregados —con los que colaboran de forma incómoda pero eficaz las élites tradicionales— abandona las libertades democráticas y persigue, con violencia redentora y sin restricciones legales, unos objetivos de limpieza interna y expansión externa”.

/01/babelia/1128122232_850215.html" data-link-track-dtm="">Robert Paxton, Anatomía del fascismo, 2004 (Ed. española, 2019)

Para Paxton, destacado estudioso del fascismo, el violento asalto al Capitolio cometido el 6 de enero de 2021 fue lo que convirtió algo que, a su juicio, era un movimiento populista autoritario en fascismo propiamente dicho. Aunque hay una bibliografía inmensa sobre el tema y la definición de fascismo es polémica, muchos especialistas en este fenómeno no lo circunscriben a sus manifestaciones del siglo XX, sino que lo consideran una forma genérica y posdemocrática de política que trasciende el tiempo y el espacio.