1.- La claudicación. El poder como escenario para la expansión del capricho del que manda, la confusión permanente entre lo público y lo privado como actitud, el interés propio por encima de la responsabilidad colectiva, el nihilismo como modelo político, la exhibición permanente —con la extravagancia como reclamo— dando por supuesto que la legitimidad emana del ego como manera de estar en el mundo. No hay límites para quien cree que todo le está permitido. Es el modelo Trump que durante el curso político que acaba se ha ido imponiendo en las derechas europeas poniendo en evidencia a la Unión.
La patética claudicación de la presidenta Ursula von der Leyen en el campo de golf en el que le recibió Donald Trump quedará como un icono de la dejadez europea, de la impotencia, de la sumisión ante el cinismo trumpista. Ya no quedan ni las formas. Alguien con un mínimo sentido de lo institucional, ¿habría aceptado firmar un acuerdo que pretendía ser capital en un coto privado del presidente, es decir, lejos de los escenarios del poder institucional? ¿Cómo puede tolerar la presidenta de la máxima institución europea tal grado de banalidad? ¿No era consciente Von der Leyen de que Trump no hace estos gestos porque sí? ¿Hay un modo más evidente de evidenciar la presunción de primacía de lo privado sobre lo púbico que el marco de tan crucial reunión? Y Von der Leyen se entregó: había anunciado un pacto beneficioso para los dos partes, y salió con la bolsa americana engordada y la europea vacía. Y lo más grave es que hasta el momento apenas ha habido reacción en Europa. Ni siquiera el que juega a ser el osado del grupo, Pedro Sánchez, ha sido capaz de romper la discreción del fracaso. Dice que no le gusta el acuerdo, pero que podía haber sido peor. Triste consuelo.






