Debemos entender que el lazo entre EE UU y Europa está a punto de romperse. La angustia pasa al bando de los europeos

Después de Gaza, Ucrania. Idéntico modelo. Diplomacia secreta y transaccional, como en los negocios. Una paz impuesta, atendiendo al interlocutor privilegiado, Benjamín Netanyahu en Oriente Próximo y Vladímir Putin en Ucrania. Con Donald Trump al mando, a través de otro Consejo de la Paz presidido por él mismo. Y un comité bilate...

ral de seguimiento ruso y estadounidense, a espaldas y a costa de ucranios y europeos, a quienes se les consulta con el plato ya cocinado.

El plan de Ucrania exige, como en Gaza, una buena gratificación económica para la humanista labor pacificadora del trumpismo. En Gaza saldrá de la Riviera de Oriente Próximo, bien viva en los proyectos inmobiliarios y turísticos del yerno de Trump para la parte de la Franja todavía en manos de Israel. En Ucrania, del contrato para la explotación de recursos minerales exigido por Trump a Zelenski, sumado ahora a la participación en la gestión de los fondos rusos congelados para la reconstrucción.

En una y otra paz, se prescinde de los afectados, sus aliados, la legalidad internacional y las resoluciones de Naciones Unidas. Solo reaparecerán para la imprescindible formalidad legal de las firmas, como ha sucedido con la resolución sobre Gaza, aprobada por el Consejo de Seguridad con el consentimiento de Rusia y China.