Para completar la transición fascista, el republicano debe darle a Estados Unidos una guerra que no quiere, y luego ganarla

El presidente estadounidense, Donald Trump, está fracasando en su intento de fascismo. Esto quedó claro en su discurso sobre el estado de la Unión, que estuvo plagado de atmósferas fascistas, pero que en última instancia pintó la imagen de un fanfarrón exhausto....

El problema de Trump no es con la idea del fascismo, que le sienta muy bien. El fascismo ensalza a un líder que trasciende la ley y pretende unir al pueblo con su destino. Niega la verdad en favor de grandes narrativas sobre la lucha contra un enemigo elegido. Postula una edad de oro imaginaria. Todo eso estaba en su discurso.

En este caso, el enemigo elegido es el Partido Demócrata “loco”, que Trump asoció con la inmigración ilegal y la delincuencia. En cuanto a las víctimas elegidas, la Administración está llevando a cabo una represión generalizada contra los inmigrantes en Estados Unidos, sembrando el terror en ciudades de todo el país y creando un panorama de dominación con sus enormes campos de concentración. El asesinato de civiles en Minnesota fue seguido de grandes mentiras sobre las víctimas.

Todo esto es horrible. Pero también es estancamiento. Trump es impopular y la economía nacional es débil. Cuando el gobierno asesinó a ciudadanos estadounidenses, los manifestantes apenas se desanimaron. Para pasar del autoritarismo competitivo al fascismo con todas las letras, Trump necesita otro tipo de conflicto: una guerra sangrienta, popular y victoriosa. Y eso está fuera de su alcance.