Para acceder hay que depositar el móvil y cruzar controles de seguridad. Su nombre es Les Beaux Mets, donde los presos en reinserción cocinan, atienden y aprenden una nueva vida. Otra manera de transmitir valores de convivencia, amabilidad, trabajo en equipo y rigurosidad.
Rémy Todesco espera a las puertas de la prisión de Baumettes a que un vigilante venga a buscarlo. Antes de pasar el control de seguridad, deja en un casillero su teléfono y sus pertenencias, incluido el dinero en efectivo. Hoy va a entrar en una de las cárceles más míticas de Francia, con la que sus padres le asustaban cuando era pequeño si se portaba mal. “Si haces tonterías, acabarás en Baumettes”, le decían. Entonces, tragaba saliva, imaginando cómo sería su vida encerrado entre aquellas rejas. “Venir a comer hoy es como decir que aquí también ha...
y cosas positivas”, dice este vecino de Tolón, de 41 años. Todesco no cruza los muros de la prisión por haber hecho “demasiadas tonterías”. Como los otros ocho civiles que lo acompañan, viene a Les Beaux Mets, uno de los bistrós más singulares de Marsella, instalado en el corazón de la cárcel.
Cruzar los muros de una prisión no es un gesto banal. Lo confirma la funcionaria de prisiones que acompaña al grupo hasta el restaurante. No conocemos su verdadero nombre, pero los detenidos la llaman Patate Douce, boniato en francés. “Patata porque estoy redonda y dulce porque soy amable”, bromea esta funcionaria de 59 años. Es ella quien recibe a los hasta 42 comensales que pueden acudir cada día, previa validación de los antecedentes penales, un trámite que obliga a reservar con al menos cuatro días de antelación.






