Huir de las conversaciones difíciles entre amigos, ya sea por orgullo, miedo o inseguridad, puede provocar un distanciamiento irremediable por un conflicto sin aparente importancia: “Muchas veces nos quedamos atascados en querer tener razón, y priorizamos eso a entendernos”

Hay un pequeño conflicto entre dos amigos, no se habla o no se quiere abordar, se guarda, pero no se olvida. Sucede otro, se registra junto al anterior en la mente de cada uno, no se afronta, pero no se olvida. Y así hasta que, llegado un momento, un problema que parece pequeño explota como si se tratase del mayor conflicto que han tenido. Las relaciones de amistad se pueden romper de muchas maneras, y la ruptura por deterioro es una de las más comunes, pero, a la vez, tiene la resolución más fácil a través de la comunicación. “...

Siempre suele haber una acumulación de conflictos que no se han resuelto bien por problemas de comunicación y mala gestión. En la amistad, lo que pasa es que no estamos tan acostumbrados a hablar de forma tan sincera, como por ejemplo en la pareja, y no se habla de expectativas, límites, compromiso o incluso sentimientos”, explica la psicóloga Núria León.

Entre esas gotas que colman el vaso hay numerosos ejemplos comunes. “Un mensaje sin responder, un comentario ambiguo, un plan cancelado o un tono interpretado como frío”, expone la psicóloga Laura Fuster. “La fragilidad de las amistades ante un conflicto que parece menor puede parecer desproporcionado, pero no se trata de este en sí mismo, sino de lo que activa en cada persona”, añade. La ansiedad y la hiperinterpretación son algunos de los factores que más desencadenan esta ruptura emocional: “Los ansiosos tienden a sobreanalizar las señales sociales. No lo hacen por dramatismo, sino porque su sistema nervioso está más sensibilizado con el rechazo o la desaprobación. Esto genera reacciones impulsivas, como distanciarse, bloquear o confrontar desde la emoción, y puede dañar la relación”.