Llega el día más esperado. Unas vacaciones con los amigos con los que has pasado el día a día y conoces de hace un tiempo, pero no de manera intensa. Los estilos de vida, aun siendo similares en los ambientes diarios, difieren cuando la convivencia se intensifica y es entonces cuando pueden surgir roces que, en casos extremos, dinamitan una amistad.

“La idea de irnos de viaje básicamente fue por el fin de carrera, a la playa. Al principio teníamos muchas expectativas porque iban a ser días de sol, diversión y desconexión después de tantos trabajos y exámenes. Pero las cosas pronto empezaron a no ir bien. Al final cada una éramos de un carácter diferente y las rencillas no tardaron en aparecer. Unas querían hacer las cosas de un modo, otras de otro, y al final esto nos perjudicó un poco a todas porque mermó el rollo con el que habíamos ido a ese viaje”, comenta Marta, una mujer de 27 años.

Un viaje vacacional en grupo consiste principalmente en “compartir mucho tiempo, en un entorno diferente, fuera de la rutina, con una carga emocional alta, y que puede sacar a la luz ciertas dinámicas que normalmente están ocultas en una relación cotidiana”, explica Laura Fuster, psicóloga experta en ansiedad. Marta afirma que el fin de esa amistad sucedió al irse acumulando esas rencillas a lo largo de los días. Aunque las primeras jornadas la convivencia eran positivas, al final la situación se volvió casi insostenible y el grupo se dividió en dos: “Al principio, parecía que iba a ser el típico enfado de horas que se te pasa, pero dejaron de venir al apartamento que teníamos alquilado y no nos hablaban. Estábamos acostumbradas a estar muchas horas juntas en la universidad, pero no habíamos convivido nunca y estar tantos días y hacer todo juntas… fue el final”, añade.