El ambiente general es bueno. Charlas por allí, risas por allá, y nadie parece tener intención de querer irse de la quedada. Pero desde antes de ver al primer conocido, ya había otro plan que, por horario, truncaba el transcurso de la primera cita. Incluso en algún momento podría aparecer el sentimiento del aburrimiento o la dejadez. Y ahí, para algunas personas, viene el momento que no quieren vivir: decir adiós cuando la gente no planea irse y abordar los “no te vayas”. “Las personas desarrollamos un sistema de apego desde la infancia, que está basado en las experiencias cercanas que vivimos con nuestros cuidadores o personas de referencia. Esto es lo que regula después, durante todo el resto de nuestra vida, cómo nos relacionamos con los demás, y cómo buscamos la seguridad y la conexión emocional con las demás personas”, desarrolla Carolina López, psicóloga sanitaria en Nostos Psicología.

Según la experta, esta teoría se divide en cuatro tipos de apego: el seguro, en el que las personas sienten que son dignas de amor, confían en los demás y crean relaciones íntimas; el ansioso o ambivalente, caracterizado por un miedo a ser abandonado o no ser lo suficientemente importante para los demás, y que tienden a mucha reafirmación emocional y les cuesta tolerar la separación; el evitativo, que minimiza la necesidad de conectar con los demás; y el desorganizado, que surge en contextos de trauma. De estas, el ansioso es el que más se relaciona con sentir malestar en las despedidas.