La puntualidad es positiva, pero otorgarle demasiada importancia a cumplir con el tiempo de espera puede esconder factores negativos, como ansiedad anticipatoria, autoexigencia o validación externa
Una persona se está preparando en su casa antes de una cita. Está un poco acelerada porque piensa que va a llegar tarde, y una mezcla de emociones negativas le inunda al imaginar los escenarios posibles. Sale de casa y, tras realizar el trayecto, llega a su punto de destino y se sienta en un banco. Mira el móvil y el reloj indica que todavía quedan 30 minutos para la hora a la que había quedado, pero ya está tranquila y solo queda esperar. Algunas personas
s-que-no-pueden-evitar-llegar-muy-pronto-o-muy-tarde.html" rel="" data-link-track-dtm="">llegan extremadamente pronto a los encuentros, pero, ¿por qué?
Que la antelación sea de importancia capital para estas personas “estaría muy asociado, entre otras cosas, con la ansiedad”, indica Miriam Panadero, psicóloga sanitaria. “No es lo mismo que una persona llegue cinco minutos antes, que puede ser por tradición, cultura o educación, a que llegue 20 minutos antes, o más. Esto es así porque prefiere esperar, aguantar y tener esa sensación de estar ahí y no saber qué hacer antes de tener la sensación de que llega tarde”, añade la experta. Explica que esto se debe a la ansiedad anticipatoria, a la que define como el momento en el que una persona tiene “muy poca gestión de la incertidumbre”. Como estas personas “no quieren que la vida les pille desprevenidas”, intentan “ponerse en ciertas situaciones que puedan pasar para tener el control y llevar a cabo unas medidas de seguridad”. Y esto les supone estar en un estado de alerta constante y les impide ser consecuentes con las circunstancias de la situación, según Panadero.






