En un contexto en el que es complicado encontrar un hueco para quedar, darle un espacio en la agenda ayuda a proteger ese tiempo y la recurrencia contribuye a hacerlo frecuente.
Todos los jueves, Tamara (40 años) queda con unas amigas. Es una costumbre que empezó en 2012 gracias a una biblioteca, donde algunas estudiaban oposiciones y otras las últimas asignaturas de la carrera, y que se ha mantenido a lo largo del tiempo y de los cambios vitales de las participantes, que ahora tienen entre 38 y 43 años. “En esos jueves se ha pasado de hablar de estudiar y primeras entrevistas de trabajo, a hipotecas, rupturas, hijos, vivir fuera, volver…”, relata....
La entrevistada es muy defensora de tener en la agenda una cita recurrente y regular para encontrarse con las amistades, algo que mantiene de forma mensual también con sus amigas de toda la vida. En ese caso, empezaron hace cosa de año y medio, porque se dieron cuenta de que, siempre que intentaban quedar, si solo podían hacerlo dos o tres, lo dejaban para otro día en el que estuviesen más. “Y al final ese día no llegaba”, señala. Una de sus amigas, que tiene “dos niñas y una agenda apretada”, propuso intentar “hacer una quedada mensual, donde se fija la fecha el día que más podamos, y las que sean, pues hacen comida, cena o lo que surja”.






