Ensayos y ficción han explorado en los últimos años los resortes de las amistades femeninas, pero lo que hace que dos hombres se hagan amigos o dejen de serlo sigue siendo un gran misterio

Suena el móvil con una nueva notificación. Es la app del banco, que dice: “Si tienes amigos, enero sigue siendo un fiestón. Invítalos y consigue un regalo de hasta…”. Si la eficacia de un mensaje publicitario se mide por su capacidad de conectar con su público, no está claro que este sea el mejor. Según distintos estudios como el del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, al menos uno de cada cuatro jóvenes se siente solo en el momento presente y casi un 70% ha experimentado esa sensación alguna...

vez. Puede que muchos clientes no tengan suficientes amigos como para optar a la promoción, o que alguno tenga muchísimos, pero ni siquiera se haya parado a pensar si lo son.

Como recuerda la filósofa Marina Garcés en La pasión de los extraños, la amistad es una de las pocas relaciones sociales que “no ha generado una institución ni una legalidad propias”. No hay donde ingresar, donde matricularse o inscribirse para ser amigos y sería un poco raro hacerlo a instancias del banco. Ensayos y ficciones hablan cada vez más sobre el duelo por la amistad perdida, así que seguro que la notificación ha sido recibida por más de un cliente que estaba revisando sus vínculos. ¿Merece la pena invitar a quien te ha hecho sentir mal o no ha cuidado la relación, dejando que se desvanezca, por veinte o treinta euros?