En las relaciones intergeneracionales se pueden descubrir perspectivas vitales distintas que enriquecen conversaciones o experiencias. “La edad no determina la calidad del vínculo ni la manera en la que se produce”, explica la psicóloga Beatriz Ruiz

A la hora de crear lazos de amistad, tendemos a relacionarnos con personas más afines a nuestras características, ya sea por género, nacionalidad, gustos o, en muchos casos, cercanía de edad cronológica: los niños suelen ser amigos de los niños, los adolescentes de los adolescentes, adultos jóvenes con personas con un año de nacimiento parecido, y así sucesivamente. Una posible relación de amistad adolescente-adulto o adulto-anciano, por poner dos ejemplos, puede destacar entre otros tipos de convivencia entre amigos más homogénea....

“En los procesos de socialización, muy a menudo se conduce a los seres humanos a una convivencia ‘forzosa’, porque no se les da a elegir en el sistema educativo, con sus iguales etarios. Ahí se producen parte de las relaciones sociales y de las amistades, pero sobre todo se gesta un entrenamiento o presencia de la igualdad de edades como lo positivo o lo correcto”, explica Mariano Sánchez, profesor de Sociología y director de la cátedra Macrosad de Estudios Intergeneracionales de la Universidad de Granada. “El cambio de concepto en la práctica de las relaciones de la edad cronológica requiere de varias generaciones. Pero hay un debilitamiento de esta como frontera social, que todavía no ha desaparecido, pero sí que se ha debilitado”, añade.