Aunque muchas personas viven desde pequeñas —o desde la adolescencia— con un círculo de amistades cerrado, hay otras cuyo sentimiento de pertenencia a un grupo es muy abstracto o casi inexistente. Son aquellos menores cuyas relaciones sociales se basan en individualidades y no en colectivos, aunque en el futuro sí formen un grupo o, al revés, se desliguen de aquellos con quienes han pasado sus primeros años de vida. Este

O suscríbete para leer sin límites

ngo-tiempo-como-la-aceleracion-social-y-el-trabajo-impide-hacer-nuevas-amistades.html" data-link-track-dtm="">déficit de amistades o de identidad en la infancia puede no arrastrar consecuencias de habilidades sociales en la adultez, pero en otras ocasiones sí representa un problema para hacer amigos en una edad adulta.

“Tener un grupo de amigos en la infancia tiene una importancia fundamental al ser nuestro segundo foco de desarrollo. El primero sería la familia, cuando nacemos; pero después es el grupo social. Es el aprendizaje más primario que tenemos”, desarrolla Belén de Pano, codirectora del despacho de Sensateca Psicología y focalizada en autoestima y habilidades sociales, entre otros. La experta calcula que, de sus pacientes, un 50% acude a consulta por temas relacionados con asuntos sociales. “Llevo atendiendo bastante tiempo a una persona que en su infancia no consiguió tener un grupo de amigos cerrado: vivía con una familia disruptiva y, de pequeño, tampoco consiguió tener apenas amigos porque nunca tuvo una experiencia tan duradera como para aprender a mantenerlos. Ahora tiene muchas inseguridades y problemas para relacionarse. Está aprendiendo a cómo presentarse y dirigirse a los demás, o a cosas tan básicas como pedir la palabra o dar las gracias…”.