Evitar este tipo de comentarios no es una cuestión de excesiva sensibilidad, sino de respeto hacia las etapas madurativas del menor y de protección hacia la infancia
Hay una escena que se repite con frecuencia en reuniones familiares, parques e incluso al encontrarse con un vecino por la calle: un adulto se inclina hacia un niño pequeño y, con una sonrisa cómplice, le pregunta: “¿Y tú? ¿Ya tienes novia?”. Lo que para muchos es una broma inofensiva, una forma de romper el hielo o de elogiar al menor por su belleza, esconde unas implicaciones psicológicas y sociales que ...
pueden interferir en el desarrollo saludable del menor. Evitar este tipo de comentarios no es una cuestión de excesiva sensibilidad, sino de respeto hacia las etapas madurativas y de protección hacia la infancia.
Uno de los principales motivos para erradicar este hábito es que implica normalizar comportamientos propios de la madurez en una etapa que no les corresponde. El concepto de “tener pareja” es una conducta adulta que conlleva una serie de responsabilidades, independencia y, sobre todo, una madurez afectivo-sexual que un menor no posee.
Una relación de pareja no es simplemente pasar tiempo con alguien; implica una atracción física y una conexión emocional mutua, un consentimiento voluntario entre dos personas autónomas y la existencia de un proyecto en común. Al trasladar estas etiquetas a la infancia, los adultos están proyectando un comportamiento maduro sobre seres que aún están descubriendo el mundo a través del juego y la exploración. En los niños, el vínculo afectivo primordial es el establecido con los adultos y las personas de referencia, es decir, con los padres, los abuelos, los hermanos, los tutores y los amigos más cercanos. Forzar una etiqueta sentimental entre iguales distorsiona su comprensión de las relaciones interpersonales, generando incluso rechazo por establecer una amistad con otro niño o niña.






