Hacer preguntar abiertas que den pie a respuestas elaboradas, usar el humor y la broma y saber cuándo es el mejor momento para iniciar una conversación son grandes alicientes para atraer la atención y el interés del menor hacia un diálogo espontáneo

Uno de los aspectos que más preocupan a los padres es la falta de respuestas de los hijos ante las preguntas cotidianas. Los niños y las niñas tienden a contestar con monosílabos o con una sola palabra ante cuestiones que a las familias les gustaría abordar con mayor profundidad y detalle. En muchas ocasiones son los adultos quienes esperan un...

a respuesta diferente ante la misma conducta rutinaria, sin darse cuenta de que la dinámica no puede modificarse si el cambio no se origina en ambas partes. Es decir, para que la respuesta del niño sea distinta a la habitual es el adulto quien debe iniciar el cambio de la dinámica desde el origen.

Para comenzar a cambiar dicha situación es importante conocer que hay varios aspectos que fomentan que la respuesta del menor sea escueta. Uno de ellos es el modo en que los adultos tienden a preguntar a los niños con cuestiones cerradas del tipo “¿qué tal en el colegio?”, “¿cómo te lo has pasado hoy?”, “¿has aprendido algo nuevo en Matemáticas?”, donde la respuesta se puede dar con una sola palabra como “sí”, “no”, “bien” o “nada”.