Tratar conflictos o hablar de temas a veces incómodos debe abordarse con franqueza, claridad y respeto, a la vez que se facilita confianza y seguridad emocional al menor en todo momento
El diálogo con los niños sobre las situaciones más complejas o trascendentales de la vida es algo inevitable a la vez que necesario. Un divorcio, la muerte, abordar la sexualidad y la identidad de género o las distintas afecciones en la salud mental como la ansiedad o la depresión suelen ser algunas de esas conversaciones difíciles para muchos padres. Frente a estas, los expertos coinciden en que es importante hablar claro, sin ambigüedades que confundan al menor, se les debe brindar apoyo en todo momento y, sobre todo, ofrecerles seguridad emocional.
La psicóloga María Sánchez Corrales, también profesora de la Universidad Complutense de Madrid, manifiesta que durante una fase previa, o cuando aparecen las primeras señales de un conflicto mayor, los progenitores deben tener un acercamiento general al menor, estar presentes y accesibles sin juzgarlo y sin intervenir. “Primero, los padres deben aprender a escuchar al niño, dejarle hablar sin interrupciones, y ellos, a su vez, deben mantenerse regulados e intentar bloquear el deseo de corregirlo para llevarlo a un lugar en el que busque comprender la situación que corresponda”, dice. Según explica, es esencial buscar la claridad y el entendimiento en lugar de la recriminación, y la clave es abrir un espacio para el diálogo, en el cual no se trata de ganar, perder o convencer: “Es más importante conseguir que se hable de cosas difíciles, y que no explote todo, que el hecho de llegar a conclusiones definitivas”, sostiene.






