Fallecer, cuando hablamos de menores, se procesa distinto según la edad. Explicarles lo que implica les ayuda a vivir de una manera más sana y libres de miedos
Respecto a la muerte tenemos muchas carencias, de ahí el miedo que nos da y el silencio en el que la envolvemos para hacer como que no existe. Hay que hablar de ella, de la ausencia, para evitar que el sufrimiento crezca. También para evitar el sentimiento de culpa. Tampoco se debe ocultar el dolor delante de un niño. Muchos padres
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om/mamas-papas/familia/2022-10-14/como-hablar-de-la-muerte-con-los-ninos-naturalidad-y-sinceridad.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/mamas-papas/familia/2022-10-14/como-hablar-de-la-muerte-con-los-ninos-naturalidad-y-sinceridad.html" data-link-track-dtm="">optan por no pronunciar la palabra muerte pensando que así protegen a sus vástagos, cuando hacerlo influye de manera positiva en su desarrollo emocional y madurativo.
De esta manera, a los que ya no están entre nosotros se les coloca en un cielo atestado de abuelos y mascotas, en el que están dormidos o han ido de viaje. El eufemismo no es un recurso, es una trampa en las conversaciones difíciles. La clave es incorporar en el día a día el concepto de muerte como algo natural que forma parte de la vida. No hay que olvidar que los menores son seres humanos vulnerables, dependientes y en constante desarrollo emocional. Su idea de los fallecimientos es limitada y evoluciona con la edad. La educación emocional implica respetar los ritmos de cada niño y saber que expresan el duelo por medio de su comportamiento. “El pequeño no teme a la muerte, teme al abandono, al desamparo completo, a la desaparición de sus padres que le quieren y le protegen”, cuenta vía correo electrónico Fuensanta Rodríguez Muñoz, psicóloga infantil.






