Cuando un progenitor no acepta a la pareja de su hijo adolescente suele haber detrás una mezcla de miedo y pérdida de control. El problema, además, es confundir la preocupación con la vigilancia
Dice un refrán que “en la crianza los días son muy largos y los años muy cortos”. Quien es padre, lo sabe. Un día los hijos te acompañan incluso hasta el baño y, de repente, gruñen porque has entrado en su cuarto sin llamar o porque te has ido del mismo sin cerrar la puerta. En un abrir y cerrar de ojos, pasan de ser absolutamente dependientes de tus cuidados a hacerlo de sus amigos. Y es en esta etapa cuando suelen llegar ...
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los primeros amores.
Una investigación de 2025 del Laboratorio de Estudios sobre Convivencia y Prevención de la Violencia (LAECOVI) de la Universidad de Córdoba, basado en tres encuestas a 2.400 adolescentes de 12 a 18 años en Andalucía, concluye que las competencias afectivas —como resolución de conflictos, asertividad y reconocimiento de límites— se desarrollan progresivamente con la experiencia de las relaciones sentimentales. El análisis revela que los adolescentes mayores se perciben como más competentes que los más jóvenes, lo que apoya la idea de que las relaciones sanas “se entrenan” desde la adolescencia. Las investigadoras, Noemí Toledano, responsable del trabajo junto a Carmen Viejo y Rosario Ortega-Ruiz, del Departamento de Psicología, advierten que entender la adolescencia como un campo de experimentación emocional ofrece una mirada positiva, no centrada solo en riesgos, sino en oportunidades de desarrollo afectivo.






