Estamos tasando el lenguaje por su rentabilidad en relación con objetivos e intereses ajenos al mismo. Y si el exabrupto es útil… pues sea bienvenido

Son muchas las voces que expresan una bien fundamentada alarma por la banalización de múltiples formas de violencia verbal, con exabruptos que en otros tiempos hubieran resultado intolerables y provocado reacciones conformes a la dignidad de la persona a quien iban dirigidos. Aunque desde luego no exclusivamente, esta desmesura se da a menudo entre la clase política, contagiando a los seguidores y extendiéndose a los lemas esgrimidos en manifestaciones y otras formas de protesta. Es un síntoma lamentable la pasividad general ante estos hechos, aunque afortunadamente hay alguna excepción. Así, también entre adversarios del presidente del Gobierno hubo cierto revuelo cuando el pasado noviembre...

se gritó su nombre apelando directamente a la dialéctica de las pistolas, en una expresión que formaba una suerte de pareado (de arte bien menor) con otra alusiva a la condición de la madre del mismo político, expresión reiteradamente oída los pasados meses.

El problema no es exclusivo de nuestro país. Basta con recordar los términos soeces para calificar a sus adversarios, en boca de mandatarios, más o menos relevantes, de todos los continentes. Y la pregunta se impone: ¿qué ha ocurrido para que, tantas veces, no se dé reacción indignada, ni siquiera de la persona directamente concernida?