El libro de estilo de la Associated Press es uno de los principales manuales que utilizan los periodistas estadounidenses. Como tantos otros —no solo entre las instituciones lexicográficas como los diccionarios y las universidades, sino, lo que es más elocuente, en la empresa y sobre todo en el sector tecnológico estadounidenses—, el de la AP ha pasado en los últimos años a recomendar y, de hecho, a ganar prosélitos en pro del llamado lenguaje inclusivo. En todo ...
caso, la AP ha sido en efecto más cauta que, por ejemplo, la Chartered Insurance Institute (CII), la asociación británica de los profesionales de seguros, cuyas “Normas de lenguaje inclusivo” tienen como propósito “galvanizar la inclusión” y “crear un ambiente más acogedor”, un paso esencial en lo que la CII ha descrito como “el viaje hacia la diversidad y la inclusión” del ramo de los seguros.
Al igual que en la reciente “Iniciativa para la eliminación del lenguaje nocivo” de la Universidad de Stanford —que recomienda sustituir “americano” por “ciudadano estadounidense”, pues “el término a menudo solo se refiere a personas de Estados Unidos, insinuando por tanto que Estados Unidos es el país más importante de América, compuesta por 42 países”—, dirigida a sus departamentos de tecnología de la información, el propósito de estos códigos discursivos cada vez más prevalecientes es el de participar, en palabras de otro índice (en el sentido católico romano), la “Declaración sobre el lenguaje nocivo”, de la Biblioteca Gleeson de la Universidad de San Francisco, en “los proyectos de reparación en curso para identificar la descripción dañina, para remediar el lenguaje nocivo cuando sea posible y, cuando no lo es, abogar por el cambio”.






