Portugal es el mayor consumidor del mundo de la especie, esencial para las mesas en Navidad y para la industria pesquera de transformación

Sostiene José Gil, el gran filósofo portugués, que su país está perdiendo tradiciones. Con su desaparición crece la nostalgia y disminuye la cohesión social, dos cosas que descontroladas no llevan a buenos sitios. Detrás de una tradición puede haber un sentido colectivo valioso, que consiste en recibir y traspasar un legado cultural, deportivo o lúdico. Puede que la observación de José Gil sea atinada en diversos ámbitos, pero desde luego no puede aplicarse aún a las cenas navideñas, donde el...

bacalao reina como un monarca longevo y querido.

A pesar de tener que ir a buscarlo a mares fríos, con sus pesqueros en Terranova o con empresas intermediarias en Noruega, Portugal destaca año tras año como el país de los mayores comedores de bacalao del mundo. Desde hace 30 años son también los clientes preferenciales del bacalao nórdico. Los portugueses aportan el 35% del valor de las exportaciones del producto de Noruega porque, además de comprar para llevar a sus mesas, lo adquieren para transformarlo en el clásico bacalao seco y salado que luego exportan. Esta dependencia aumentó tras las sanciones impuestas a Rusia, otro de los grandes productores de bacalao, después de la invasión de Ucrania.