Detener a un jefe de Estado es una novedad latinoamericana que puede repetirse con otros regímenes
La caída de un dictador siempre es una excelente noticia. No lo es tanto que sea a través de una intervención militar, sin cobertura alguna de la legalidad, es decir, al margen del derecho internacional y de la Constitución estadounidense, sin Naciones Unidas ni el Congreso de los Estados Unidos. Y menos todavía que responda al
nternacional/2025-12-05/los-planes-de-estados-unidos-para-america-latina-vuelve-la-doctrina-monroe-reinterpretada-por-trump.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2025-12-05/los-planes-de-estados-unidos-para-america-latina-vuelve-la-doctrina-monroe-reinterpretada-por-trump.html" data-link-track-dtm="">Corolario Trump de la Doctrina Monroe, formulado en la nueva Estrategia Nacional de Seguridad, que autoriza al actual presidente a actuar en el entero continente americano como si fuera un territorio bajo su soberanía.
La fulgurante y eficaz operación nocturna del ejército estadounidense y de sus fuerzas especiales es un salto cualitativo en el intervencionismo formulado por el presidente Monroe en 1823, apenas medio siglo después de la independencia, cuando la joven y lejana república pretendía mantener a raya a los imperios europeos. Reformulada en 1904 por el presidente Theodore Roosevelt, legitimó su recién inaugurado impulso imperialista, la injerencia en los países latinoamericanos y las intervenciones militares durante el siglo XX en República Dominicana, Cuba, Nicaragua, Haití e incluso el apoyo a los militares golpistas de Chile y Argentina.












