Mantener ciertas costumbres y compartirlas con la familia suele ser beneficioso para los niños, sobre todo si transmiten valores como la generosidad o la gratitud. Sin embargo, la globalización y los progresivos cambios sociales hacen que se pierdan muchas de ellas
España tiene muchas tradiciones navideñas que vienen de lejos, como la de pedir el aguinaldo, que se remonta al siglo XIX. Su expansión popular empezó en pueblos y regiones de Castilla, Extremadura o Galicia, donde era habitual que los niños salieran cantando villancicos con panderetas y zambombas a pedi...
r de casa en casa el aguinaldo. Era una tradición muy arraigada que hoy se diluye y queda en la memoria de las generaciones mayores o en actos organizados en pueblos para evitar que desaparezca del todo, pero, ¿dónde pervive todavía esta mítica tradición?
“Cada vez existen más modelos y estilos familiares, y nos regimos menos por las normas sociales, como son las tradiciones de la Navidad”, asegura la psicóloga infantojuvenil Ángela de la Fuente. No obstante, precisa que es siempre beneficioso para los niños que mantengan ciertas costumbres en familia. “Es importante que cada persona pueda vivir las Navidades como sienta acorde con su situación familiar y social, en primer lugar. Que los más pequeños mantengan tradiciones familiares es bueno porque se les involucra en diferentes dinámicas familiares y pasan tiempo de calidad junto a sus progenitores”, sostiene. Por su parte, Syra Balanzat, psicóloga especialista en niños y adolescentes en El Prado Psicólogos, recalca cómo el aguinaldo es una forma más de transmitir valores en el periodo navideño. “La antigua tradición de pedir el aguinaldo es un símbolo que aporta a los niños la transmisión de valores como la generosidad o la gratitud, y esto ayuda a sostener tradiciones que continúan ahí, y que pueden generar motivación e ilusión”, argumenta.






