La transformación tanto del sentido como de la estética de las celebraciones navideñas plantea la cuestión de hasta qué punto deben ceñirse a la tradición cristiana o abrirse a nuevas perspectivas culturales de todo el mundo
Las celebraciones navideñas son hoy una mezcla de tradiciones que a menudo opacan el origen cristiano. Las imágenes y el relato del Evangelio conviven con costumbres de todo el mundo y elementos que nada tienen que ver con la historia y el sentido original de la celebración, pero al mismo tiempo soy ya indisociables de estas fechas. ...
La ensayista Olivia Muñoz-Rojas argumenta que en realidad todo lo que hoy consideramos tradicional ha sido una mezcla de culturas en algún momento de la historia. El profesor Ricardo Calleja reivindica que el relato religioso es lo que da verdadero sentido a la celebración.
No hace falta evocar el clásico de Hobsbawm, La invención de la tradición, para advertir que aquello que consideramos tradiciones son a veces usos relativamente recientes y, con frecuencia, el resultado de la hibridación de distintas costumbres previas. Numerosas prácticas que asociamos con el actual imaginario de la Navidad, empezando por el propio Santa, combinan elementos cristianos y paganos, tanto antiguos como modernos. A lo largo del siglo XIX, San Nicolás —uno de cuyos milagros fue ayudar a un padre con las dotes de sus hijas, arrojando monedas de oro por la ventana, que acabaron en los calcetines puestos a secar junto a la chimenea— terminó solapándose con diversas reinterpretaciones del dios nórdico Odín. Durante siglos éste fue imaginado como un hombre de larga barba y túnica que, con su ojo omnividente, surcaba las noches de invierno a lomos de Sleipnir, su caballo de ocho patas.






