En Navidad hay espacio para platos ricos y sanos. La farmacéutica Marta Masi propone preparaciones fáciles que son una excusa fantástica para compartir tiempo de calidad. Cocinar juntos fomenta la cooperación, la paciencia y la creatividad
La Navidad y la mesa siempre han tenido una relación intensa. En estas fechas comemos más, cocinamos más y nos sentamos más veces alrededor de platos que, en muchas ocasiones, son tan abundantes como inevitables. Reuniones familiares, comidas de empresa, cenas con amigos del colegio, del gimnasio, del trabajo… Diciembre se convierte en una sucesión de compromisos gastronómicos donde cada encuentro parece exigir un postre extra, una salsa más cremosa o un “venga, por un día no pasa nad...
a”. Y es cierto: por un día no pasa nada. Pero cuando los días se acumulan, el cuerpo nota el exceso.
Sin embargo, no todas las celebraciones tienen por qué girar en torno a platos pesados o digestiones eternas. “La Navidad también puede ser una oportunidad para equilibrar la mesa sin renunciar a la estética festiva, al sabor ni al placer de cocinar juntos”, explica la farmacéutica Marta Masi. Porque, al final, la memoria familiar se construye tanto en los grandes banquetes como en los pequeños gestos: cortar una fruta entre risas, desgranar una granada con los niños, abrir el horno y dejar que un aroma invada la casa.







