El Cairo ha cerrado o negociado acuerdos millonarios con Emiratos, Qatar y Arabia Saudí para construir nuevas ciudades en su litoral
Para quienes aterrizan en Egipto con el deseo de adentrarse en las profundidades del mundo de los faraones suelen pasar desapercibidas, pero las playas prístinas de arena blanca bañadas por aguas cristalinas y turquesas que se extienden a lo largo de su vasta costa mediterránea, una tierra con una larga tradición de o...
livos e higueras, son un paraíso en gran medida intacto.
Hasta cuándo lo seguirán siendo es más difícil de adivinar. La otra gran costa de Egipto, en el mar Rojo, ha atraído tradicionalmente a un mayor número de turistas, sobre todo llegados de Europa y Rusia. El litoral mediterráneo, en cambio, ha sido una parcela más bien reservada a egipcios adinerados, muchos de ellos de El Cairo y Alejandría, que desde los años ochenta han ido adquiriendo segundas viviendas en complejos residenciales levantados a su orilla. Desde el año pasado, el Gobierno egipcio también ha descubierto en ella un tesoro que le podría rescatar del peor naufragio económico de su historia reciente y ayudar a diversificar sus fuentes de ingresos, y ha comenzado a fraguar acuerdos milmillonarios con países del Golfo para venderles los derechos de desarrollo de gigantescos proyectos urbanísticos.






