El país, uno de los más expuestos a las repercusiones del conflicto desatado por EE UU e Israel, adopta medidas drásticas como restricciones horarias para ahorrar energía y subir el precio del combustible

Talaat Harb, en pleno corazón de El Cairo, es una de las arterias comerciales más concurridas de la capital de Egipto. Sus anchas aceras se ven a menudo desbordadas hasta bien entrada la noche por el flujo incesante de transeúntes que pululan por la vía entre escaparates de trajes y zapatos, salas de cine, restaurantes, puestos de libros y un tráfico difícil de gobernar....

En las últimas semanas, sin embargo, la calle ofrece una estampa diferente. Hasta que cae la noche, todavía persiste la riada de gente que la caracteriza, pero en cuestión de minutos las luces de casi todos los establecimientos se apagan. De vez en cuando, un coche de policía vigila que nadie se salte la restricción. Un rato después, la calle está prácticamente desierta.

Es el efecto mariposa aplicado a Oriente Próximo: una guerra en Irán, a más de 1.000 kilómetros de distancia, apagando las luces en Egipto. Desde el último sábado de marzo, el Gobierno ha impuesto horas tempranas de cierre a los comercios no esenciales del país, como tiendas, restaurantes y salas de eventos, para reducir el consumo de energía. Entre finales de marzo y principios de abril fue a las 21.00 y solo una hora más tarde los jueves y los viernes. Desde el pasado fin de semana, y hasta nuevo aviso, la hora elegida son las 23.00.