Lleva poquísimos ingredientes, es de nivel básico de repostería y puede convertirse en el triunfo de la mesa de Nochevieja
Nos hemos hartado de ver este cremoso de chocolate con aceite, sal y pan tostado en muchas cartas de restaurante, pero no podíamos dejarte sin saber que es la cosa más sencilla del universo. Una vez lo prepares y veas que podría hacerlo hasta tu primo el que no sabe ni aliñar una ensalada, puede que no vuelvas a pedírtelo fuera de casa. Se va a convertir en el postre infalible para preparar cuando viene gente y tienes poco tiempo para cocinar.
Hay distintas versiones. Algunas incorporan un poco de gelatina, que le da mucho brillo y consistencia, pero la opción más fácil –y apta para gente ovolacteovegetariana– sólo lleva chocolate y nata. Nada más. Bueno, ese toque final en el plato de las escamas de sal, el pan tostado –o unas regañás buenas– y un generoso chorro de aceite de oliva virgen extra (uno sin filtrar de picual u hojiblanca, que tienen un punto más picante, es ya excelencia).
Por si quieres darle una vuelta, el punto salado de las escamas puedes conseguirlo con otros ingredientes. En La Gildería sirven este postre con mojama de atún rallada por encima. Un escándalo. Lo he visto también con unas láminas de jamón ibérico muy finas, con almendras fritas y saladas… de una forma u otra, siempre es un absoluto éxito con capacidad de llevarte al patio del colegio.






