La primera asamblea oficial de género de la convención de la ONU sobre desertificación evidencia la falta de presencia de ellas en las decisiones sobre medio ambiente y agricultura

Un papel, una firma, un sello. Un documento que certifique que la tierra en la que trabajan las mujeres les pertenece y así puedan tomar decisiones sobre cómo gestionarlas, acceder a ayudas y formación, y conseguir autonomía. Las mujeres poseen menos del 15% de las tierras agrícolas del mundo, a pesar de que representan casi la mitad de la fuerza laboral agrícola, y producen hasta el 80% de los alimentos en los países en desarrollo afectados por la desertificación, la degradación del suelo y las sequías, recoge la ONU. Y este diciembre, las mujeres han tomado posiciones para revertir la inercia. Es la primera vez que un caucus (asamblea) de género está incluido en la agenda oficial del comité anual de revisión de la Convención de la ONU de Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés), celebrado este diciembre en Panamá.

En España se han producido situaciones que ponen de relieve la importancia de estas demandas. Andalucía acumuló altas tasas de analfabetismo por la gestión de la tierra con latifundios, lo que mantenía iletradas a las personas del campo. No pasó lo mismo con las regiones del norte, donde el minifundio propiciaba que mujeres y hombres aprendieran a escribir y hacer cálculos para comerciar. Trasladado a la formación actual, el resumen del caucus detalla que se requiere para las mujeres más capacitación y un mayor acceso a recursos productivos, tierras, crédito, formación y tecnología. “Se insta a fortalecer la cooperación regional para facilitar el intercambio de soluciones y ayudar a cerrar las brechas en el acceso a recursos y oportunidades”, se lee en el texto, además de destacar la carencia de datos segregados. Lo que sí consta es que en un centenar de países a las mujeres se les niega el derecho a la tierra en virtud de leyes y prácticas consuetudinarias, religiosas o tradicionales.