Las fiestas que ya comienzan pueden conllevar estrés físico y emocional. Para prevenir ansiedades y disfrutar con salud de este periodo, los especialistas recomiendan marcarse unas expectativas asequibles, ejercitar la moderación y la anticipación y no caer en el sedentarismo
Los especialistas médicos lo dejan claro: no existen patologías propias de la Navidad. Pero los periodos de fiestas, más aún si son tan señalados e intensos como este que ya comienza, conllevan cambios en la rutina y un buen número de excepcionalidades: comilonas, fiestas, viajes, logística organizativa, idas y venidas, sentimientos desatados, expectativas, obligaciones y deberes… Son vivencias e inercias que pueden desencadenar situaciones de estrés o ansiedad, tal como explica Enrique Baca, jefe del departamento de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid): “La Navidad en sí misma no produce una patología o un cuadro de salud mental, pero sí actúa como caldo de cultivo para exacerbar algunas condiciones mentales. Este periodo, que para muchas personas es de alta felicidad y concordia, para otras tantas resulta muy demandante y estresante”.
Por eso, prosigue Baca, es importante marcarse unos límites claros, tanto para uno mismo –lo que podemos hacer– como para los demás –lo que esperamos que hagan por nosotros–. “Durante la Navidad se dan unas exigencias sociales tremendas: todo tiene que salir perfecto y todos tenemos que ser felices”, señala el especialista. Una expectativa que, por irreal, puede volverse en nuestra contra, como sucede con el síndrome del anfitrión perfecto, aquel que calcula las celebraciones hasta la obsesión para que no haya ningún fallo. “Es imposible llegar a todo, controlarlo todo y complacer a todo el mundo por igual. No podemos someternos a más cosas de las que podemos abarcar. Hay que medirse bien y manejar lo que está dentro de nuestro alcance”, recomienda.









