Ocultan sus talentos tratando de encajar en un molde normalizado y pasan inadvertidas hasta la edad adulta. Pero no ser lo que una es pasa factura a la mente y al cuerpo

Cuando pensamos en personas con altas capacidades intelectuales, ¿qué nombres nos vienen a la cabeza? Einstein, Hawking, Da Vinci, Gates… La lista suele estar poblada casi exclusivamente por hombres. Sin embargo, a lo largo de la historia han existido miles de mujeres con un potencial intelectual extraordinario. El problema es que, demasiadas veces, permanecieron en la sombra o, incluso habiendo sido portadoras de un Nobel, son desconocidas para la mayoría de nosotros. Solo en el ámbito de la ciencia h...

ay 17 mujeres que han recibido este premio y, aun así, muchos apenas podríamos nombrar a dos o tres de ellas. Javier Tourón y Steven Pfeiffer definen las altas capacidades como “un conjunto de características cognitivas, motivacionales, creativas y personales que, en interacción con el entorno, permiten un rendimiento superior o un potencial excepcional”. Según el criterio que se utiliza, entre un 10% y un 15% de la población tiene altas capacidades, y aproximadamente un 2% pertenece al grupo de los superdotados.

La invisibilidad de las mujeres con altas capacidades no es casual. Desde niñas, muchas aprendieron a ocultar su talento para encajar, evitando destacar en el aula para no ser etiquetadas como sabelotodo. En ellas, el deseo de pertenencia y aceptación es mucho más fuerte, llegando a bajar intencionadamente sus resultados académicos e incluso ocultando sus verdaderos intereses para fingir que son los de la mayoría. Por otra parte, se tiende a asociar altas capacidades con rendimiento brillante en áreas masculinizadas —como las matemáticas o las ciencias—, mientras que las niñas pueden destacar en ámbitos creativos, sociales o lingüísticos, que se valoran menos.