Poseen un cerebro prodigioso. Su agudeza mental les lleva a comprender y solucionar un problema antes incluso de finalizar su exposición. Una inteligencia superior avala su trabajo. Pero alcanzar la cima son palabras mayores. Tienen claro que sin esfuerzo diario, formación continua, constancia y mucha disciplina, es imposible el éxito. La genialidad también tiene sus sombras: exigencia desmedida, visión poco convencional y una intensa y veloz forma de trabajar que pueden conducir a un superdotado a convertirse en un talento incómodo dentro de los equipos. Dar visibilidad y entender cómo funcionan estos otros cerebros es la asignatura pendiente en la mayoría de las compañías.
“Una persona con alta capacidad supone un valor exponencial para toda organización. Su memoria vertiginosa la capacita para analizar una cantidad enorme de información. Es gente orientada a resultados, inspiradora y motivacional por su altísima curiosidad intelectual y ganas de autodesarrollarse”, señala el profesor de Esade, Norbert Monfort, experto en altos potenciales. Y añade: “Un superdotado sabe sacar un rendimiento brutal a equipos diversos y colaborativos, donde se maneja muy bien, especialmente si le corresponde crearlos”.






