Una joven mira su teléfono móvil sentada en unas escaleras. EFE/Mariscal
María Muñoz Rivera |
Madrid (EFE).- Distintas en forma, pero con la misma pulsión: pertenecer y diferenciarse. Las tribus urbanas no han muerto, solo se han readaptado en un contexto donde lo real y lo digital se mezclan. Traperos, raveros o BoBos trazan la cartografía social del momento, demostrando que la estética sigue siendo una declaración de principios.
En los años 70 y 80 del siglo XX, la identificación con colectivos como los ‘punk’, los ‘heavy’ o los ‘hippies’ llevaba implícita una señal cultura, con una determinada música, estética y valores.
En pleno siglo XXI, esa noción ha mutado. Los contextos digitales, la globalización de la moda y el cambio de prioridades vitales han dado paso a nuevas agrupaciones urbanas.










