Crece entre los jóvenes el impulso por desconectarse de las redes y explorar actividades presenciales. Pero algunos siguen compartiendo su paso a paso online
Paula Haro ya no podía más. Había días en los que esta estudiante de bachillerato de 18 años llegaba del instituto, se tumbaba en la cama, abría TikTok y no lo cerraba hasta la una de la madrugada. Podía pasar más de cinco horas al día con el móvil y después apenas se acordaba de lo que había visto. “Lo único que recordaba es que había perdido el tiempo”, lamenta. Hasta que un amigo subió un post a Instagram anunciando que empezaría un reto: desinstalar todas las redes sociales durante un mes. “Esta va a ser mi excusa para dejarlo”, se dijo a sí misma. Haro no es la única. Muchos usuarios, especialmente jóvenes, empezaron a publicar ideas para volverse más analógicos en 2026 o a pronosticar ...
que este sería “el año analógico”. Pero hay una contradicción: el paso a paso de esa nueva rutina offline se registra y se comparte con miles de usuarios anónimos en Instagram y TikTok.
Estas dos redes eran, precisamente, las más utilizadas por Haro y también por seis de cada diez adolescentes en España (entre 10 y 20 años), según un informe publicado en noviembre del año pasado por Unicef, basado en una muestra de 100.000 participantes. Casi uno de cada 10 dijo dedicar más de cinco horas diarias a las redes sociales durante la semana; la cifra asciende a dos de cada 10 los fines de semana. El informe reflejaba un uso masivo de redes sociales entre adolescentes: nueve de cada diez reportaban estar registrados en al menos una plataforma y siete de cada diez en tres o más. En una misma red, la mitad de los jóvenes declaraba tener más de un perfil.






