El ‘boom’ de los pendientes empieza a romper los estereotipos de la edad. Sea por una crisis existencial, como promesa de futuro o por simple estética, los hombres que han dejado atrás la juventud tienen cada vez menos miedo a las perforaciones
No es ningún misterio que el pendiente masculino está de moda. En las alfombras rojas, actores como Jacob Elordi o Paul Mescal lo han convertido en un complemento imprescindible. En las calles, estos dos anteriores entrarían dentro de la categoría de los hombres de “el arete y la mullet”, corte de pelo que deja los laterales cortos y la parte trasera larga. La clasificación viene de un audio viral de hace años, pero ha conseguido crear un arquetipo del joven moderno que persiste al paso del tiempo. Ahora es lo que se conoce como el hombre performativo, que cuida cada aspecto de su estética con la intención de hacerse notar. De cualquier manera, está claro que ese pequeño aro, un complemento sin mucha ostentación, pero perfectamente distinguible, lleva años rompiendo todo tipo de barreras. También las de la edad.
Empecemos por esas mismas alfombras rojas. Que la madurez es el mejor momento para lucir el pendiente lo lleva años demostrando Harrison Ford. Ya pasados los cincuenta, al actor le entró envidia de dos amigos que llevaban pendiente y después de comer con ellos entró al primer lugar que hacía piercings y se perforó el lóbulo. “Al llegar a casa mi hijo de 9 años me preguntó si se podía hacer uno y yo le dije: ‘Claro, cuando tengas 55 años”, contaba el actor de 83 años hace tiempo en el show del cómico Jimmy Fallon.






