“Es más visible que un anillo y menos invasivo que unos pendientes”, dice un especialista. ¿Puede el broche convertirse en la próxima revolución de la joyería masculina?
Hubo un objeto en las solapas de los invitados a la última gala de los Globo de Oro que llamó especialmente la atención. Más allá de la chapa viral Be good (“Sé bueno”) con la que celebridades como Mark Ruffalo honraron a Renée Nicole Good, tiroteada por un agente del ICE durante una redada migratoria en Minnesota, destacó un accesorio con un menor significancia política pero igualmente llamativo sobre la chaqueta de esmoquin con la que numerosos actores acudieron a la cita. La joya en cuestión, un broche de alta joyería prendido en el doblez de satén que suele acompañar a este tipo de prenda, adquiría formas y lenguajes tan diversos como los personajes que la defendían.
Los hubo discretos y florales, como el diseño de Pasquale Bruni que llevó Orlando Bloom en oro blanco de 18k y diamantes (hay piezas semejantes desde 97,500 euros); frente a fórmulas mucho más historiadas, en concreto, la del ramo de broches diseñado por Dolce & Gabbana que lució en su chaqueta Patrick Schwarzenegger. Un gesto que en redes sociales no tardaron en identificar como un discreto homenaje a Joan Rivers, la legendaria humorista y también reina de las comentaristas de la alfombra roja, que solía llevar a menudo un abejorro de diamantes muy parecido al del protagonista de White Lotus.






