La vida es bella por aquí, pero la sociedad está atascada mientras cumplimos un guion escrito desde muy lejos
Esto es algo que nadie que proceda de lugares más pobres, inciertos e inseguros podrá entender jamás, pero la realidad es que nuestra sociedad está atascada, paralizada. Tenemos médicos, colegios, carreteras, trenes, viajes, podemos pasear tranquilamente por la calle y manejamos cada día una alegría que nos levanta el ánimo ante un café o una caña en cualquier terraza al sol. La vida es bella por aquí, muy bella, reconozcámoslo....
Y, sin embargo, estamos atascados, atemorizados, los jóvenes especialmente nos están dando signos cada vez más claros de lo que tienen en el corazón: miedo, pesimismo, desconcierto ante un entorno que se ha vuelto hostil y que —creen— va a ir a peor. El último CIS recoge esa convicción: la tiene un 68% de la población en general, pero asciende a un 73% entre los 18 y los 24 años y a un 83% en la franja siguiente, de 24 a 34 años.
La pregunta es qué hacemos con todo esto: con un desfase entre la percepción de miles de inmigrantes que buscan aquí su paraíso y una población que está viendo el infierno. La filósofa Victoria Camps nos dice que los jóvenes carecen de motivos potentes que alimenten la esperanza. También nos dice que ya no hay un “nosotros” dispuesto a luchar por un bien común y que la satisfacción del deseo ha sustituido a la libertad. Lean La sociedad de la desconfianza (Arpa), porque es urgente reflexionar.






