Ya ni siquiera se sabe si hay alguna luz al final del túnel oscuro que está atravesando la sociedad cubana
1. Desde Bruselas una amiga me escribe y me dice que cada mañana abre el periódico con miedo de encontrar una noticia que sea aún peor que las del día anterior. Otra, desde París, comenta que tiene la sensación de que el mundo ya no gira en círculos, sino a trompicones. Otra más, compatriota mía, me confiaba su nerviosismo, los temores que tenía por lo que pudiera ocurrir. Y anoto esas percepciones de la realidad porque se identifican con algunas de las mías y de muchas personas en estos, nuestros tiempos turbulentos.
Creo que casi nadie duda de que la incertidumbre se ha convertido en un sentimiento agobiante para muchos de los habitantes del planeta. Un vertiginoso deterioro de tantos paradigmas, acuerdos de convivencia y certezas más o menos establecidas se ha apoderado de los contextos locales y universales con una fuerza centrífuga que hace borrosos, imprecisos, los referentes más trabajados con los que se trató de crear un orden mundial en el cual no hubiera barbaries imperialistas y genocidios como los ocurridos durante las dos guerras mundiales del siglo XX. Pero, ¿qué puede pasar mañana, pasado, en una semana? ¿Cuál será, digamos, el destino de la OTAN y, peor aún, el de la Unión Europea como proyecto? Aventurar una respuesta resultaría el más absurdo de los ejercicios mentales en que podamos enfrascarnos… pero no solo para los ciudadanos de a pie, sino incluso para los estadistas que deben tomar las decisiones colectivas. El caos crece a un ritmo incontrolado.






