El país debe cambiar, pero no porque lo asfixien desde fuera, sino porque los cubanos necesitamos que cambie

Cuba se ha puesto de moda y yo estoy muy solicitado. Colegas periodistas me buscan para que cuente, desde dentro del país, lo que ellos ya saben que está ocurriendo, pero con el propósito, más que previsible, de que me atreva a especular qué podría ocurrir. Y, por supuesto, apenas puedo decirles que sobre la mesa e...

stán todos los escenarios, y van desde que cambie algo para que nada cambie hasta, en el otro extremo, que se produzca algún tipo de operación militar de imprevisibles consecuencias. Pero les advierto de que, ahora mismo, no creo que nadie pueda decantarse por uno.

Al parecer, el presidente estadounidense Donald Trump pretende hacer algo más de lo que ya ha hecho: a la política de máxima presión le metió más atmósferas con el bloqueo energético que está asfixiando no solo la economía del país, sino a muchos de sus ciudadanos. Y después, como si fuera el último cruzado, con lenguaje de conquistador de manual dice insistentemente que “tomará” Cuba (porque eso “sería bonito”) sin explicar muy bien cómo lo hará, aunque dejando traslucir que sería a su modo (que puede ser cualquiera).