El recurso que usan los niños al crear compañía en su mente se mueve entre la creatividad sana y un refugio emocional. Pero si les infunde temor, excesiva dependencia o les aísla, es importante averiguar qué pasa en el mundo emocional del menor
En uno de los momentos de la película infantil Del Revés (Inside Out), en el que las emociones y otros elementos psicológicos conviven en la mente de la protagonista, Riley Andersen, se presenta al espectador al personaje de Bing Bong, su amigo imaginario. Esta creación vivió su apogeo durante la más tierna infancia de Riley, pero en la historia se le presenta como un recuerdo casi olvidado que vive de rememorar sus aventuras con la niña. Como él, los
ef="https://elpais.com/elpais/2018/06/28/mamas_papas/1530197038_423151.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/elpais/2018/06/28/mamas_papas/1530197038_423151.html" data-link-track-dtm="">amigos imaginarios aparecen en las mentes de los más pequeños para, principalmente, acompañarles durante un tiempo y servirles como posible refugio emocional.
Pero, ¿qué es exactamente un amigo imaginario? “Son esas figuras que están creadas por la imaginación del menor. Está apareciendo el pensamiento simbólico a esas edades tempranas a través de una interacción en la que les habla, juega con ellos o les incluye en la vida cotidiana. Sobre los seis a ocho años, más o menos”, los define la psicopedagoga Tania Ruiz. “Pueden ser personas, animales u objetos con vida. No tienen por qué aparecer de forma constante. Pueden darse en momentos puntuales. No es algo patológico, sino una manifestación del pensamiento simbólico del niño”, añade.






