Mezcla de club privado y taberna y auténticas instituciones en el País Vasco, estos templos del hedonismo viven una nueva vida con la incorporación de la mujer y cumplen un rol esencial en la transmisión del legado culinario tradicional.
Placer, amistad, confianza y afán auténtico de socializar “analógicamente” en los tiempos de la virtualidad y la redsocialización (ya saben: tengo mil amigos digitales aunque en realidad estoy más solo que la una) podrían citarse como cimientos de las sociedades gastronómicas. Un invento con más de siglo y medio de vida, un híbrido entre el club privado y el jolgorio de taberna sin equivalencia fuera del País Vasco y Navarra y con mucho ascendente en la preservación y transmisión del legado culinario tradicional....
En las sociedades de San Sebastián -las elegidas en este caso para centrar la cuestión- el hedonismo se practica con ganas. Aquí se charla a calzón quitado, se discute, se canta, se juega a cartas y sobre todo se come y se bebe bien. La noche de jueves en la que compartimos mesa y mantel en Gaztelubide (“Camino del castillo”) con José Ramón Mendizabal, Mendi, -presidente de esta sociedad durante 15 años años hasta el pasado mes de marzo, con la socia Belén Alzuaran y con los socios Mikel Iraola y Fernando San Martín, este último preparó una deliciosa y poderosa crema de verduras (vainas, guisantes, puerros, zanahorias, cebolla…) como entrante y una inconmensurable (en fondo y forma) merluza en salsa verde con almejas. De aperitivo, paté de campaña. De postre, mamia (cuajada). Todo ello regado con sidra, txakoli y vino tinto. Y punto pelota, que diría el otro.






