Medio siglo después de que la primera cadena de hamburgueserías estadounidense llegara a Madrid, este producto es ya omnipresente en nuestra vida y en los vaivenes de las modas culinarias. Hablamos con expertos para conocer las características esenciales, y los límites, del bocadillo más universal

España ya no es el país de los bocadillos y los pinchos de tortilla. Un estudio elaborado el año pasado por Ipsos para la plataforma de comida a domicilio Just Eat colocaba en lo más alto de las preferencias de los españoles la hamburguesa. Un 50%, incluso, reconoce consumirla al menos una vez por semana. En cuanto a gustos, según la misma encuesta, el 64% prefiere la carne como base de su hamburguesa, frente a un 30% que opta por el pollo. Y respecto a los acompañantes, el 80% se decanta por el queso, el 56% por la cebolla, el 53% por el ...

beicon, y a un 35% le gusta con pepinillos. Visto así, cualquiera diría que este sándwich, el más famoso del mundo, siempre estuvo presente en nuestras mesas, pero, al igual que la democracia, tuvo que luchar mucho para abrirse paso en una gastronomía que, en los estertores del franquismo, aún se veía como un producto extranjerizante y de poca calidad. Medio siglo después, la hamburguesa vive momentos confusos, entre la tradición y nuevas tendencias más radicales como la smash burger (ese disco de carne aplastada), que ha revolucionado las planchas.