Las altas valoraciones del mercado están reactivando las advertencias de los gestores bajistas, que sufren este año fuertes pérdidas en sus inversiones

Burbujas, sobrevaloraciones, créditos fallidos, falsedad contable o riesgos que hagan tambalear los cimientos del sistema... las catástrofes capaces de tumbar los mercados financieros son múltiples. Al igual que los bíblicos jinetes del Apocalipsis, cada una monta a lomos de un caballo de distinto color, pero todas generan inquietud entre los inversores. Incluso entre aquellos que llevan apostando años por una gran crisis, y esperan que llegue para cosechar suculentas recompensas.

Desde hace meses se otean signos inquietantes en el mercado: precios estratosféricos de las empresas tecnológicas, ingentes inversiones en inteligencia artificial con grandes dudas sobre su rentabilidad, fuerte apetito por salidas a Bolsa (en EE UU) de empresas que al poco ven esfumarse las elevadas rentabilidades… todo ello en un mercado alcista en el que las Bolsas acumulan máximos y en el que también activos refugio como el oro registran retornos anuales que rozan el 60%.

Con el terreno aparentemente abonado para una posible corrección, se abre la veda para los inversores bajistas, aquellos que apuestan contra un activo concreto y ganar dinero con su caída. Una estrategia que, con los mercados en máximos, está provocando fuertes depreciaciones en las carteras de estos gestores en lo que va de año. Se ejecuta mediante diversas vías, como pedir prestadas acciones, para venderlas luego confiando en su caída y recomprándolas más tarde, embolsándose la diferencia. Pero es más habitual hacerlo vía derivados, con opciones de venta (put en la jerga) u otro tipo de productos más sofisticados.