Gracias a una mezcla de ingredientes dulces, salados, ácidos y picantes, en este plato la protagonista de la huerta de otoño brilla en todo su esplendor

Cuando creías que no existía una manera de hacer que la calabaza sea más dulce y más sabrosa, aparece ante ti esta receta. El asado de esta verdura –cuyos beneficios ya conocemos de sobra– mejora todavía más cuando se añade un glaseado a la ecuación. No, no hablamos del típico glaseado de azúcar que se le pone a las tartas, sino de una salsa que preparamos para pincelar la calabaza y conseguir darle brillo, color y mucho más sabor.

Lo último, especialmente, ocurre porque lleva un ingrediente dulce (miel), uno salado –salsa de soja–, uno picante que en este caso es sriracha, aunque podría ser cualquier otro, una grasa (aceite de oliva), y varios aromáticos como ajo, jengibre y aceite de sésamo. A su vez, la servimos con una salsa cremosa de mantequilla de cacahuete, donde la acidez del zumo de lima remata el conjunto.

Puedes servir este plato como entrante en cualquier cena con invitados y quedarás como la estrella del otoño, aunque también es una receta perfecta para el día a día: acompañándola con arroz blanco o integral, una ensalada de hojas verdes y un huevo mollet tienes una comida completa y riquísima.